Acaba el 2011 y afrontamos un nuevo año, el doceavo de este Siglo XXI, siglo en el que según las películas de hace 30 o 40 años los coches deberían volar, viviríamos en macrociudades en edificios imposibles y todos tendríamos un robot droid en casa que nos haría la vida más fácil. Y es que si algo no tiene límites es la imaginación del hombre y la perseverancia y el ingenio para llevar a cabo imposibles o ¿acaso no se están construyendo ya los edificios más inverosímiles y altos del mundo en ciudades como Dubai o Kuala-Lumpur, o no disponemos de robots que nos facilitan la vida como el iroomba o el cheff2000?.
Esta creatividad innata del hombre también se muestra patente en las empresas de esta era moderna, veamos como ha sido el camino que nos ha traído hasta aquí...
Las empresas de hoy en día no están concebidas como las de hace 100 años, ni siquiera como las de hace 30. Quizás pueda parecer un pensamiento lógico, pero la aparición y desaparición continua de empresas nubla el punto de partida de esta evolución y sólo mirando aquellas empresas que han perdurado a lo largo de los años se puede observar la verdadera trayectoria de la jerarquía y Alta Dirección de éstas.
Desde que en 1903 Winslow Taylor, conocido por ser el padre del Taylorismo, publicó su trabajo Shop Management en el cual sentaba las bases para mejorar la organización del trabajo a partir de mejorar el rendimiento del esfuerzo físico derrochado a las actuales compañías gestoras de la información como pueden ser Google o Apple en las que los activos más preciados son las personas que las forman y yendo más allá, sus mentes, ha habido un revolución cultural en la que la tecnología ha jugado su papel clave, siendo nexo comunicador entre diferentes, sectores, mercados y conocimientos.
Un claro ejemplo de esta evolución lo podemos observar en la empresa IBM, la cual pasó de fabricar armas portátiles en la Segunda Guerra Mundial desarrollando todos los componentes y tecnologías en sus propios laboratorios dentro del más absoluto secretismo a ser fuente y receptor de información, a comunicar sus descubrimientos y a beneficiarse de los que unos terceros conseguían con ellos, por inverosímil que parezca se benefició más gestionando el conocimiento y distribuyéndolo que dejándolo perecer en archivadores plagados de ideas a la espera de una oportunidad.
Si en lugar de fijarnos en las empresas como entes generadores de productos nos fijamos en ellas como una estructura o pirámide de personas, observamos que también ha habido un cambio de mentalidad a la hora de construirlas, sobre todo si nos fijamos en los niveles más próximos a la cúspide. Históricamente los mandos eran escogidos, en las grandes compañías, por su relevancia, influencias o amistades en otros ámbitos fuera del laboral; en pequeñas empresas estos puestos eran heredados por el personal de más antigüedad en la empresa o por los hijos, hermanos o sobrinos de los presidentes. Posteriormente esta tendencia cambió, afortunadamente, a una profesionalización de las compañías, seleccionando a los mejores profesionales del mercado en cada una de las áreas. Pero esta tendencia no resultó definitiva y siguió evolucionando, en una empresa no sólo se toman decisiones sino que se gestionan personas, por lo que únicamente el control del estado de la técnica no era suficiente sino que se necesitaban líderes emocionalmente inteligentes capaces de liderar equipos que consiguieran gestas a priori imposibles.
Hoy han pasado más de 100 años desde que Taylor seleccionaba los hombres fisiológicamente más adecuados para los diferentes puestos de trabajo y una nueva tendencia está en auge, la de la era de la información y de la creatividad. Donde lo inventado todos somos capaces de replicarlo y la nueva esencia de las empresas triunfadores está al innovar en replicar lo inventado aplicando nuevos métodos que permitan ser más competentes y eficientes que la competencia o creando e innovando con nuevos productos que satisfagan nuevas necesidades o necesidades no cubiertas hasta el momento.
Cuando todo parece estar inventando no hay más que seguir imaginando imposibles y hacer estos posibles, después de todos fue una de las mentes más brillantes de la historia la que dijo:
“Locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”.
Albert Einstein